Prostitutas nacional prostitutas en el metro

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Una calle antes, olvidé decirlo, una calle antes del Monte de Piedad, hay un puesto de tacos. Ahí las prostitutas dejan sus mochilas, sus bolsas, y luego salen a la calle a trabajar; sobre la puerta del baño hay repisas llenas de mochilas y bolsas de mano.

Una vez vi a una de ellas comer tacos. La carne, la carne en todas sus formas: No puede ser coincidencia: En metro Revolución también hay prostitutas. Me detengo a descansar y miro a una de ellas comer una rebanada de pizza ; también parece hacerlo a escondidas.

Me sorprende ese pudor en ellas, la vergüenza a la hora de comer. Si sólo miro su boca, esa boca casi autónoma del cuerpo, el resto de la ciudad parece desaparecer. Alguien se acerca a su compañera, se la lleva y ella queda entonces sola, aferrada a su trozo de pizza como una tabla de masa para no naufragar en la soledad de las calles.

Yo me aferro a las llantas que compré en San Pablo. Por su hablar levemente entrecortado entendí que el castellano no era su lengua materna. Por cada cliente que la contrata tiene que caminar alrededor de metros hasta el Necaxa. Trabajaba como empleada doméstica en Tuxtla Gutiérrez de seis de la mañana a cuatro de la tarde, por lo que ganaba pesos semanales. A su padrote lo conoció en su día de descanso en el parque.

Así comenzó su noviazgo y a los pocos días la invitó al cuarto que rentaba. Después se la llevó a Tenancingo, Tlaxcala, donde conoció a su nueva familia. Una familia de prosapia en la profesión: Entré con Jessi, quien no dejaba de mensajear por WhatsApp. Es lo que muchas hacen, teclean incesantemente su celular, mientras informan: Cuando entramos al hotel alcancé a ver la foto del fondo de pantalla de su celular.

Lo afirmó en tono efusivo y agregó: Y me mostró las fotos de Kevin, de cinco años de edad. En esa ciudad conoció a su padrote, quien le prometió casamiento pero en cambio la llevó a San Luis Potosí donde la obligó a prostituirse. Un año después de irse con su padrote, Jessi resultó embarazada y a los seis meses del nacimiento de Kevin, su padrote se lo quitó y lo dejó al cuidado de sus abuelos paternos.

Jessi y su proxeneta mantuvieron su peregrinar por las zonas rojas de provincia. Jenny inicia su jornada a las siete de la tarde y termina, aproximadamente, a las once de la noche.

Anteriormente arrancaba sus servicios desde las tres de la tarde y se retiraba casi a media noche. Su plan es salirse del business a los 24 años y reiniciar los estudios, los cuales dejó truncos a partir de la secundaria; en caso de que llegue a la licenciatura, desea estudiar psicología. Ellos saben que Jenny se dedica a la prostitución, y la exhortan a que deje ese tipo de vida. Su día de descanso son los domingos.

El susodicho tiene treinta y seis años, y él y su familia se dedican al negocio de taxis. Pero pues así me conoció; ahorita le vamos a echar ganas y vamos a salir de esto. A Jenny sí le gusta la idea de casarse y ser madre en un futuro lejano, muy lejano: Un hombre maduro, en ocasiones, llega a costear en una sola sentada, mil pesos. La razón por la que no ha conseguido otra actividad es debido a que todos sus papeles y documentos oficiales —a excepción de la credencial para votar— los dejó en Guadalajara.

Aquí la verdad yo no confío en nadie, ni en amigas. Te digo, yo soy sola, y me independizo sola y pues sí. Sus ojos mostraban que su mente recapitulaba: Haciendo cuentas, Jenny comenzó a ejercer la prostitución en sus 16 precarias y joviales primaveras.

Las cosas van a la mochila, la mochila a la espalda; el dinero sobre la cómoda, donde ella indicó; quitar el seguro y el cerrojo de la puerta, girar la perilla, volver la mirada hacia ella, que todavía se limpiaba los ojos y mantenía la cabeza gacha:

Cuando me agaché para darle la manzana, vi que no era mayor que yo. Caminaré de regreso hasta el tren suburbano. Camino hacia el zócalo. Se limpiaba las comisuras de los labios con el dedo anular de la mano derecha, con un gesto suave, indefenso, y luego volteaba a ver si nadie se había dado cuenta. Qué nos llevó a él y a mí a estar de ese lado preciso de la manzana. Llego, después de caminar media hora, al metro Hidalgo. Ahí también hay prostitutas, aunque la mayoría son hombres.

Algunos caminan sobre la banqueta a las afueras del Museo San Carlos. A estas mujeres también alguien las esculpió; alguien tomó un hombre y lo fue moldeando hasta lograr una mujer. Si ellos son arte, si alguien los mira y llora de emoción, no lo sé.

Cerca de metro Revolución hay una sucursal del Nacional Monte de Piedad ; ahí afuera también hay prostitutas. Contaba con todas las características que me habían mencionado en la narración. Tenía miedo preguntar, pero sabía que si no lo hacía tal vez no tendría mi respuesta esperada. Cuando menos me di cuenta el hombre me miró y no fue necesario preguntar, solo me dijo: Yo hago de todo siempre y cuando me paguen.

Accedió a contarme cómo funciona esto del sexoservicio en el Metro. Hay gente que se asusta y de se dan golpes de pecho, pero al final se les hace normal. Por ejemplo, he estado hasta siete horas continuas parada aquí, sin ser molestada por policías, ni jefes de estación. La tarifa de las sexoservidoras del Metro suelen ser de a pesos. Casi la mayoría son trabajadores sexuales independientes o solitarios.

Mal visto por algunas personas e ignorado por la población. Apenas si dice su nombre. A pesar de todo, me agrada iniciar mi tour en estas calles.

Incluso Diego Rivera pintó a una elegante ahuiani en uno de sus murales de Palacio Nacional. Ya para la época colonial, sobre Mesones se instalaron los primeros prostíbulos oficiales de la Ciudad de México, con lo que nos dejan en claro que desde hace siglos este es su territorio. La esquina de San Pablo y Topacio poco a poco ha sido conquistada por una veintena de lozanos rostros veinteañeros que trabajan en los hoteles San Marcos calle Mesones y Necaxa afuera del Metro Merced.

Aunque no quiere que se entere su padrote porque la podría golpear. Eli es pequeñita y de rostro redondo. Por su hablar levemente entrecortado entendí que el castellano no era su lengua materna. Por cada cliente que la contrata tiene que caminar alrededor de metros hasta el Necaxa.

Trabajaba como empleada doméstica en Tuxtla Gutiérrez de seis de la mañana a cuatro de la tarde, por lo que ganaba pesos semanales. A su padrote lo conoció en su día de descanso en el parque. Así comenzó su noviazgo y a los pocos días la invitó al cuarto que rentaba. Después se la llevó a Tenancingo, Tlaxcala, donde conoció a su nueva familia.

Una familia de prosapia en la profesión: Entré con Jessi, quien no dejaba de mensajear por WhatsApp.

prostitutas nacional prostitutas en el metro Terminamos —se observaba conmovida—. Incluso Diego Rivera pintó a una elegante ahuiani en uno de sus murales de Palacio Nacional. Es delgada y tiene un moretón en su pierna izquierda. Jenny tiene 21 años de edad; su madre es ama de casa y su padre abogado; tiene tres hermanos: El padrote, el hotelero, el cliente, los hijos apremian y hay prostitutas travestis anuncios prostitutas delgadas satisfacerlos. Al filo del atardecer, como a eso de las seis de la tarde, ingresé a los andenes de la estación Hidalgo para verificar el relato de Jorge. Dos mujeres se ven a lo lejos.